Aitas y drrragones

‘Tolero la ley de la gravedad, que la gente calce Crocs o que existan los argentinos. Pero en ningún modo puedo soportar no verte en toda la semana.

Si supiera componer canciones, te explicaría con música lo feliz y perdida que estoy; lo halagada que me siento cuando me miras. Si nos sobrara el tiempo, dedicaría horas a dibujar besos en tu cuerpo, a aprenderme cada pliegue de tu piel como si leyera en Braille.
Pero lo único que domino con cierta fortuna, es la palabra. Y no existe ni una sola que defina toda esta perturbadora experiencia. No encuentro la forma de hilvanar una frase que determine la naturaleza de lo que estoy sintiendo.
Se me agolpan las ideas cuando me faltas. Porque eres tú el único objeto de mis pensamientos. Todos hacia dentro. Tú sonriendo, tú besándome con los ojos cerrados, tú caminando con los brazos simiescos. Tú sin voz. Tú gritando aitas y drrragones. Tú, okupa de mi cabeza.

Acostumbrada como estoy a ilusiones fugaces, a autoimpuestos intereses sexuales y a amantes de uso capitalista, tu llegada a mi vida, violenta y salvaje, ha supuesto toda una primavera inesperada y florida.

Ya no hay horizonte, no existe nadie, no tienes rivales. Eres tú, en tu podio dorado.

Hay algo que no sé definir entre tu cuerpo y mi cerebro, una obsesión enfermiza, una unión plateada y perpetua, que se está convirtiendo en un monstruo que exige cada vez más alimento y no se conforma.

Resumiendo; me gustas más que una Sagrada Familia hecha con millones de botellines de cerveza y puede que esto no vaya a ningún sitio pero… ¿acaso lo de los demás sí?’

 

(Y canosa)

Una movida

Cuando tenga una hija lo primero que le tengo que contar es que, en esta vida, a veces, pasan cosas muy raras. Rarísimas. Por ejemplo: que a veces no sepas cómo corresponder el amor sencillo y honesto que algunas personas depositan en ti. Que en ocasiones no te importe tanto defraudarte a ti misma como defraudar a los demás. Que siempre la cagues en el peor momento. Que siempre acabes pidiendo ayuda a aquellos a los que no querías defraudar. Que sepas con meridiana claridad qué es lo que deberías hacer para no decepcionar a los demás, pero que te sientas absolutamente incapaz de hacerlo por razones que ni tú misma entiendes. Y que aun así y con todo eso: te sigan queriendo.
Una movida, yo qué sé: es difícil explicarlo con palabras.

 

Y. Canosa

Te quiero

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Te quiero.

Sé lo mucho que te gusta oírlo. Pero no lo escribo sólo porque te guste, lo escribo porque me aviva por dentro.

Hace un tiempo terriblemente largo desde que te escribí por última vez, pero sé que me disculparás porque sabes lo cabezona y realista que soy; y pensé que no tenía sentido escribir.

Todavía me resulta difícil entender lo que significa quererte después de que te fueras, pero aún necesito cuidarte y que me cuides. Quiero discutir de fútbol, hacer manualidades, preparar sorpresas para mamá y desafinar a Sabina bien alto. Pero ahora no puedo hacerlo contigo. Ahora me las voy apañando sin ti, que eras el instigador de todas nuestras aventuras.

Pero la vida hay que celebrarla siempre, y abrazarla. Y yo voy a celebrar tu vida mil veces, porque te lo mereces

En fin,

Feliz Cumpleaños.

Te quiero.